miércoles, julio 15, 2020

A falta de diálogo, Ortega obliga al pueblo a tomar un plan nacional de desobediencia civil

El dictador Daniel Ortega anunció que daba por terminado el diálogo con la opositora Alianza Cívica por la Justicia y Democracia, así lo mencionó durante el acto del 40 aniversario de la revolución sandinista.

La oposición y la comunidad internacional miraban el diálogo instalado en las instalaciones del INCAE como la única vía pacífica para sacar a Daniel Ortega del poder.

Sin embargo, el mismo Ortega dio por hecho el fin de la mesa de negociaciones, en la cual se lograron alcanzar diversos acuerdos, los cuales fueron incumplidos por el mismo régimen.

Miles de nicaragüenses han salido a las calles para exigir la salida de Daniel Ortega.

El dictador apunta a querer normalizar las cosas en el país, a reprimir cualquier foco de movilización y protesta para lograr aparentar la victoria de su régimen en contra de la insurrección cívica nicaragüense.

Con sus acciones y su negación a querer buscar una solución pacífica y negociada a la actual crisis, el dictador obliga al pueblo nicaragüense a tomar en cuenta la aplicación de un plan nacional de desobediencia civil.

Dicho plan tendría la labor de ejercer la mayor cantidad de presión interna, cercando económicamente, políticamente y socialmente al régimen sandinista.

La presión interna de un plan nacional de desobediencia civil, acompañado por la presión internacional de las diversas sanciones, causarían un serio impacto en el régimen sandinista, que podría obligarlo a buscar una salida definitiva a la actual crisis que vive el país.

El pueblo nicaragüense ha demostrado unidad durante los últimos 14 meses.

Un plan nacional de desobediencia civil tendría que contar con la participación de la mayoría de la población nicaragüense para que sea un éxito total.

Uno de los principales activistas políticos que promueven un plan de desobediencia de tal magnitud, es el activista Yaser Morazán, quien ha presentado su plan a la Alianza Cívica en diversas ocasiones, pero apostando al diálogo, mantenían este recurso para otras circunstancias, como las actuales.

El plan de desobediencia presentado por Morazán incluye una serie de acciones que van en aumento en el grado de afectación que pueden generar al régimen, y van desde protestas express, pintas a enorme escala por todo el país, el paro escolar y de consumo y terminando con un paro nacional indefinido.

Nicaragua vive inmersa en otra dictadura, la cual reprime todo foco de protesta que exige un cambio en el modelo político del país.

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